El debate filosófico sobre la justicia distributiva del último medio siglo se ha articulado fundamentalmente como una disputa entre dos modelos: el liberalismo igualitarista de John Rawls y el libertarismo de Robert Nozick. Ambos son rigurosamente argumentados, ambos parten del individuo libre y racional como punto de partida, y ambos llegan a conclusiones prácticamente opuestas. A esa polaridad la filosofía contemporánea ha añadido voces críticas: la más influyente y filosóficamente articulada desde América Latina es la filosofía de la liberación de Enrique Dussel, que cuestiona no las respuestas sino el marco mismo del debate eurocéntrico.

1. John Rawls: justicia como equidad

En Una teoría de la justicia Rawls propone, tras la deliberación bajo el velo de ignorancia, dos principios ordenados lexicográficamente (el primero tiene prioridad absoluta sobre el segundo):

  1. Principio de igual libertad: «cada persona ha de tener un derecho igual al esquema más extenso de libertades básicas iguales que sea compatible con un esquema similar de libertades para todos». Las libertades básicas incluyen las clásicas del liberalismo: expresión, reunión, voto, propiedad personal, libertad de conciencia, debido proceso. Este principio es inviolable: no se puede sacrificar la libertad de unos por el bienestar de otros.

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