Si el arte produce conocimiento, expresa emociones, articula significado o pone en obra la verdad, no lo hace en el vacío: lo hace desde una sociedad concreta, para públicos concretos, con medios técnicos concretos. Pensar el arte sin pensar sus condiciones sociales y materiales es producir una teoría idealizada que no encaja con el arte realmente existente. Esta última página de la sección recoge las grandes tradiciones críticas del siglo XX — Walter Benjamin, la Escuela de Frankfurt, las estéticas feministas, las estéticas decoloniales — y cierra con el reto contemporáneo más urgente: el arte generado por inteligencia artificial, los NFTs y la cuestión de la autoría en el siglo XXI. La página es deliberadamente más política y contemporánea que las anteriores: el IB pide explícitamente pensar la dimensión social del arte y los debates actuales.

1. Walter Benjamin: aura y reproductibilidad técnica

«Lo que se atrofia en la era de la reproductibilidad técnica del arte es su aura. […] Las masas exigen acercarse las cosas espacial y humanamente; tan apasionadamente como su tendencia a superar lo singular de cualquier dato dado mediante su reproducción.»

— Walter Benjamin, «La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica», III (1935; trad. Andrés E. Weikert, Ítaca, 2003)

2. Adorno: la industria cultural y la teoría estética

Benjamin y Adorno comparten el marco general (estética crítica, marxismo, exilio) pero discrepan en el diagnóstico del cine y la cultura de masas:

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