¿Qué función lógica cumplen las palabras morales? Cuando dices «la tortura es mala», ¿estás describiendo una propiedad objetiva de la tortura, expresando tu desaprobación, prescribiendo una conducta o cometiendo un error sistemático? La pregunta no es trivial: condiciona si los desacuerdos morales tienen respuesta racional o son solo choques de actitudes.

1. Moore y el punto de partida analítico

G. E. Moore inauguró la metaética analítica contemporánea con Principia Ethica (Cambridge University Press, 1903). Su tesis central: «bueno» es una propiedad simple e indefinible, no reducible a ninguna propiedad natural (placer, bienestar, éxito evolutivo, voluntad divina). Intentar definirla en términos naturales es cometer la falacia naturalista.

G. E. Moore (1873–1958) — El argumento de la cuestión abierta
Para cualquier propiedad natural N que propongamos como definición de 'bueno', siempre tiene sentido preguntar: '¿pero es N verdaderamente bueno?'. Si 'bueno' significara simplemente 'produce placer', la pregunta '¿pero es realmente bueno producir placer?' sería tan trivial como preguntar si los solteros son solteros. Que la pregunta sea genuina y no trivial demuestra que 'bueno' no es idéntico a ninguna propiedad natural. Moore concluye que 'bueno' es una propiedad no-natural aprehensible por intuición moral directa (Principia Ethica, §§ 6–13). Su posición — intuicionismo no-naturalista — fija la agenda del debate entre cognitivismo y no-cognitivismo.
«If I am asked 'What is good?' my answer is that good is good, and that is the end of the matter. Or if I am asked 'How is good to be defined?' my answer is that it cannot be defined, and that is all I have to say about it.»
— G. E. Moore, Principia Ethica, § 6 (Cambridge University Press, 1903)

2. La brecha ser-deber (Hume)

El argumento de Hume: de hechos no se derivan deberes

David Hume observó en el Tratado de la naturaleza humana (1739–40, libro III, parte I, sección I) que en los sistemas morales se pasa sin advertencia de afirmaciones sobre lo que es («los humanos sienten compasión») a afirmaciones sobre lo que debe ser («debes ayudar al prójimo»). Esta transición — la brecha ser-deber (is-ought gap) — no está justificada lógicamente. De hechos solos no se derivan deberes sin añadir premisas normativas que los relacionen.

La brecha es uno de los argumentos más influyentes en favor del no-cognitivismo: si los enunciados morales no pueden derivarse de enunciados descriptivos, quizás pertenecen a una categoría lógica distinta — no describen hechos sino expresan actitudes o prescriben conductas.

3. Cognitivismo vs. no-cognitivismo

La primera gran división de la semántica moral separa a quienes creen que los juicios morales son proposiciones (verdaderas o falsas) de quienes creen que son expresiones de actitudes o prescripciones:

Aspecto Cognitivismo No-cognitivismo
¿Qué son los juicios morales? Proposiciones que pueden ser verdaderas o falsas, como «la nieve es blanca» (describen un hecho). Expresiones de emociones, prescripciones o actitudes — no son verdaderas ni falsas.
¿Existen hechos morales? Sí; existen propiedades morales objetivas (bondad, maldad). No; la moralidad es proyección o actitud humana, no descripción de propiedades.
Estructura lógica Descripción: «La tortura es mala» afirma que torturar tiene la propiedad objetiva «ser malo». Expresión o prescripción: «¡La tortura es mala!» expresa desaprobación o prescribe evitarla.
¿Hay desacuerdo moral real? Sí: uno de los interlocutores está equivocado sobre los hechos morales. No en sentido estricto: expresan actitudes diferentes, no afirmaciones opuestas sobre hechos.
Ejemplo de análisis «Torturar es malo» = afirma que torturar tiene la propiedad objetiva «ser malo». «Torturar es malo» = «¡Desapruebo la tortura! — ¡No tortures!»
Consecuencia importante: si el cognitivismo es correcto, podemos debatir moralmente como debatimos sobre ciencia — habría respuestas correctas. Si el no-cognitivismo es correcto, los «desacuerdos» morales son choques de actitudes o prescripciones, no errores factuales.

4. Teorías no-cognitivistas del lenguaje moral

Emotivismo

A. J. Ayer (1910–1989) — Language, Truth and Logic (1936)
Ayer aplicó el principio de verificación del positivismo lógico a la ética: solo tienen significado cognitivo las proposiciones empíricamente verificables o las tautologías analíticas. Los enunciados morales no son ni lo uno ni lo otro — son pseudo-proposiciones que no añaden información factual sino expresan actitudes emocionales del hablante. 'La crueldad es mala' equivale a '¡la crueldad!' con tono de desaprobación. No pueden ser verdaderos ni falsos; son expresiones de sentimiento que pretenden influir en los demás (Language, Truth and Logic, Gollancz, 1936, cap. 6).
Charles L. Stevenson (1908–1979) — Ethics and Language (1944)
Stevenson refinó el emotivismo distinguiendo dos tipos de desacuerdo: desacuerdo en creencias (sobre hechos) y desacuerdo en actitudes (sobre lo que se aprueba o desaprueba). Los desacuerdos morales son fundamentalmente desacuerdos en actitudes que no pueden resolverse únicamente mediante investigación factual. Introdujo también el concepto de definición persuasiva: los términos morales no solo describen sino que intentan moldear las actitudes del oyente — su fuerza emotiva influye en la conducta independientemente de su contenido factual (Ethics and Language, Yale University Press, 1944).

Prescriptivismo

R. M. Hare (1919–2002) — The Language of Morals (1952)
Hare argumentó que los juicios morales son prescripciones universalizables, no expresiones de emoción. 'Debes hacer X' es una prescripción que el hablante se aplica también a sí mismo y universaliza: se compromete a prescribir lo mismo a cualquier agente en situación relevantemente similar. El prescriptivismo combina no-cognitivismo (los juicios no describen hechos) con un criterio racional formal (universalizabilidad al estilo kantiano). La diferencia con el emotivismo: Hare añade la dimensión lógica de universalización que el emotivismo ignora (The Language of Morals, Oxford University Press, 1952).

Expresivismo contemporáneo

Simon Blackburn (n. 1944) — Cuasi-realismo
Blackburn va más allá del emotivismo crudo: los juicios morales expresan actitudes normativas complejas, no simples sentimientos. Su proyecto de cuasi-realismo (Spreading the Word, Oxford University Press, 1984; Ruling Passions, Oxford University Press, 1998) consiste en 'ganarse el derecho' a hablar como si hubiera hechos morales mediante un proceso de proyección de actitudes que adquiere estructura lógica. El expresivista puede decir 'la tortura es objetivamente mala' — pero esta afirmación expresa una actitud robusta proyectada, no una descripción de propiedades independientes de la mente.
Allan Gibbard (n. 1942) — Wise Choices, Apt Feelings (1990)
Gibbard propone un expresivismo normativo: los juicios morales expresan la aceptación de normas. Decir que algo es 'racional' o 'correcto' equivale a expresar que se acepta una norma que permite o prescribe esa acción. Los desacuerdos morales son desacuerdos sobre qué normas aceptar — no son irracionales, pero tampoco son desacuerdos sobre hechos del mundo. Gibbard desarrolla además una teoría evolutiva del lenguaje normativo: la capacidad de coordinarse mediante normas compartidas tiene valor adaptativo (Wise Choices, Apt Feelings, Harvard University Press, 1990).

5. Qué está en juego

La elección entre cognitivismo y no-cognitivismo no es una cuestión meramente lingüística. Condiciona: