Si los argumentos clásicos no demuestran concluyentemente la existencia de Dios (capítulo anterior) y el problema del mal pesa contra el teísmo, ¿cabe todavía una creencia religiosa racional? Esta página recorre las grandes respuestas históricas a la relación entre fe y razón: el fideísmo (la fe se sostiene sin apoyo racional o contra la razón), la armonía tomista (fe y razón colaboran sin contradicción), el racionalismo religioso (la creencia debe ajustarse al estándar evidencial) y dos posturas intermedias célebres: la apuesta de Pascal y la voluntad de creer de William James. Cierra con la capa hispanoamericana: Francisco Suárez como último gran defensor del intelectualismo moral post-tomista frente al voluntarismo nominalista.

1. Fideísmo

El fideísmo (del latín fides, fe) sostiene que la creencia religiosa no requiere — y a veces ni siquiera permite — justificación racional. La fe es una virtud propia, no una opinión que necesite probarse. Sus tradiciones son antiguas (Tertuliano: credo quia absurdum, «creo porque es absurdo», atribución apócrifa pero característica) y modernas.

2. La apuesta de Pascal

Dios existe Dios no existe
Creo Ganancia infinita (salvación eterna) Pérdida finita (algunos placeres mundanos)
No creo Pérdida infinita (condenación eterna) Ganancia finita (algunos placeres mundanos)

Pascal argumenta que, dado el cálculo de valor esperado, creer es la opción racionalmente dominante: cualquier probabilidad positiva no nula de que Dios exista, multiplicada por una ganancia infinita, supera cualquier pérdida finita asociada a

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