Tras el problema de Gettier (1963), la teoría del conocimiento se reorganizó en torno a una pregunta más básica que la del JTB: ¿dónde reside la justificación de una creencia? Dos grandes respuestas se han disputado el terreno. El internalismo sostiene que solo cuentan factores accesibles desde dentro del sujeto: razones, pruebas, estados mentales que el sujeto puede inspeccionar. El externalismo responde que los factores externos — la fiabilidad del proceso cognitivo, la conexión causal con los hechos, las virtudes del agente — son los que verdaderamente importan, aunque el sujeto no pueda inspeccionarlos. La disputa es viva: organiza la epistemología analítica desde hace cincuenta años y el problema Truetemp de Keith Lehrer es la prueba de fuego que los dos bandos siguen discutiendo.

1. La oposición fundamental

Test intuitivo de la diferencia. Un pollo sano «sabe» evitar a un halcón porque su sistema visual lo identifica de forma fiable, aunque el pollo no pueda articular ninguna razón. ¿Es esto conocimiento? Si la respuesta es sí, hay algo del externalismo en tu intuición. Si la respuesta es no — falta razón explícita —, te inclinas al internalismo. La intuición se complica con sujetos humanos: ¿es saber lo que sabe un niño pequeño sin poder articular sus razones?

2. El problema del regreso epistémico

El internalismo tropieza inmediatamente con un problema estructural: si una creencia A está justificada por otra creencia B, ¿qué justifica B? Si C,

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