Local y global. Cartesiano (sueño, genio maligno, cerebro en cubeta, cogito) y humeano (problema de la inducción)
← Volver a JustificaciónEl escepticismo es la posición filosófica que pone en cuestión nuestras pretensiones de conocer. No es indiferencia ni cinismo: es un argumento que, en sus versiones radicales, busca mostrar que las creencias ordinarias sobre el mundo, el yo o el futuro carecen de la justificación que les atribuimos. Si los argumentos escépticos no se pueden refutar, dos consecuencias son posibles: o nos resignamos a admitir que sabemos mucho menos de lo que creíamos, o conseguimos mostrar dónde fallan. Esta página presenta las dos formulaciones históricas más influyentes — la cartesiana y la humeana — y las respuestas contemporáneas más serias.
En la Primera Meditación de las Meditaciones metafísicas (1641), Descartes lleva la duda hasta su forma más radical, en tres pasos sucesivos cada vez más demoledores:
En la Segunda Meditación Descartes encuentra la verdad indubitable que buscaba: aun si el genio maligno me engañara sobre todo, tendría que existir para ser engañado. Para dudar, debo pensar; para pensar, debo existir. Cogito, ergo sum: pienso, luego existo. Esta verdad sobrevive incluso a la duda más radical: es el primer cimiento.
De ahí Descartes intenta reconstruir el edificio:
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