El otro no es otro yo

Si el reconocimiento piensa al otro como aquel que me confirma, la alteridad lo piensa como aquello que se me escapa. El otro no es una copia de mí, ni un objeto que pueda conocer del todo, ni un papel en mi mundo: es una diferencia que mi yo no puede absorber. Cuatro filósofos del siglo XX —Husserl, Sartre, Lévinas y Buber— exploran, desde ángulos distintos, ese exceso del otro respecto del yo, y muestran que el otro, lejos de ser accesorio, me afecta en mi raíz.

Husserl: la aparesentación del alter ego

Husserl plantea el problema en términos rigurosos en la Quinta de las Meditaciones cartesianas (1931). Si todo sentido se constituye en mi conciencia, ¿cómo puede darse para mí otro sujeto, que por definición no es mi conciencia? Para abordarlo, Husserl reduce primero a la esfera de lo propio (lo que me pertenece como sujeto), y dentro de ella aparece el cuerpo del otro.

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