El ser humano definido por lo pre-racional

Durante el siglo XIX y comienzos del XX, varios pensadores giraron la pregunta antropológica del revés. No negaban que el ser humano razone; negaban que la razón sea lo primero y lo esencial. Bajo el pensamiento claro y consciente —sostuvieron— actúa un fondo más antiguo y poderoso: una voluntad ciega, un impulso vital, pulsiones inconscientes. La razón no sería el motor, sino la superficie; no el amo, sino el sirviente. A esta familia de posiciones se la suele agrupar bajo el nombre de irracionalismo o filosofía de la sospecha.

Schopenhauer: la voluntad como cosa en sí

Schopenhauer abre el camino. En El mundo como voluntad y representación (1818) distingue dos caras de la realidad. Como representación, el mundo es el conjunto ordenado de fenómenos que nuestro intelecto organiza en espacio, tiempo y causalidad. Pero su cara interna, su «cosa en sí», es la Voluntad (Wille): un impulso ciego, sin meta ni razón, que se manifiesta en la gravedad, en el crecimiento de la planta, en el instinto del animal y en el deseo humano.

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