El antropocentrismo sitúa al ser humano como el elemento central y más importante. La naturaleza vale en la medida en que sirve al ser humano (recursos, paisaje, salud, cultura). Tiene variantes: el antropocentrismo egoísta (que solo mira el corto plazo) y el antropocentrismo prudente (que cuida la naturaleza porque a largo plazo nos beneficia). Las decisiones se toman pensando en los humanos presentes y futuros. Su fortaleza es que resulta pragmático y compatible con el bienestar humano y las políticas públicas; su debilidad, que en su variante egoísta cae en explotación cortoplacista e ignora el valor propio de la naturaleza.

El ser humano en el centro: la naturaleza como recursoEl ser humano ocupa el centro y cuatro elementos de la naturaleza (recursos, energía, paisaje y salud, alimentos) apuntan con flechas hacia él, ilustrando que la naturaleza se valora por su utilidad para las personas.SERHUMANORecursosEnergíaPaisaje y saludAlimentosLa naturaleza vale en la medida en que sirve al ser humano
En el antropocentrismo el ser humano es el centro: la naturaleza —recursos, energía, alimentos, paisaje— se valora por lo que aporta a las personas presentes y futuras.

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