El ecocentrismo sostiene que el mundo natural tiene valor intrínseco — vale por sí mismo, no porque lo necesitemos. Un río tiene derecho a fluir aunque no nos sirva. Una especie tiene derecho a existir aunque no la usemos. El ecocentrismo informa los movimientos por los derechos de la naturaleza (constituciones de Ecuador, Bolivia; ríos con personalidad jurídica en Nueva Zelanda, Colombia). Su fortaleza es que protege la naturaleza con independencia de que nos sirva y es coherente a largo plazo; su debilidad, que resulta difícil de aplicar cuando choca con necesidades humanas inmediatas o con el desarrollo económico.
El bienestar y el florecimiento de la vida humana y no humana en la Tierra tienen valor en sí mismos. Estos valores son independientes de la utilidad del mundo no humano para los fines humanos.Arne Næss y George Sessions · plataforma de la Ecología Profunda, 1984
Error frecuente IB
Confundir ecocentrismo con un conservacionismo a ultranza ("no tocar nada de la naturaleza") es típico de banda media. El ecocentrismo no exige congelar la naturaleza: afirma que la naturaleza tiene valor intrínseco, no que el ser humano deba desaparecer de ella. Una gestión ecocéntrica puede intervenir activamente (restaurar un humedal, reintroducir una especie) siempre que el criterio último sea el valor propio del sistema, no solo su utilidad para nosotros. Marca la categoría por su fundamento de valor, no por cuánta intervención permite.