Cubre 1.3.8, 1.3.12, 1.3.13, 1.3.14, 1.3.15, 1.3.16.

El indicador clásico del desarrollo económico, el PIB, mide el valor monetario de los bienes y servicios finales producidos por un país. Pero el PIB tiene un defecto estructural: ignora el valor de los sistemas naturales. Una tala intensiva sube el PIB; una conservación del bosque, no. Una marea negra que requiere limpieza sube el PIB; un océano limpio que no requiere limpieza, no. Por eso un país puede crecer en PIB y al mismo tiempo destruir las bases de su prosperidad futura — esto es desarrollo no sostenible medido con el indicador erróneo.

El PIB verde corrige parcialmente este defecto restando del PIB convencional los costes ambientales (degradación de recursos, contaminación, pérdida de capital natural). Sigue siendo imperfecto (asignar precio a un ecosistema es controvertido), pero da una imagen más honesta del progreso.

Los indicadores de sostenibilidad habituales son cuantitativos y aplicables a múltiples escalas (de la local a la global): biodiversidad, contaminación, población humana, cambio climático, huella de carbono, huella de materiales, huella hídrica.

El concepto más usado en SAS es el de huella ecológica: la superficie de tierra y agua necesarias para proporcionar sosteniblemente los recursos consumidos por una población y absorber sus residuos, al ritmo actual de consumo y producción. Si la huella ecológica de una población es mayor que la superficie disponible, esa población vive en sobrepasamiento — está consumiendo el capital natural en lugar de los intereses. Variantes:

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