Si Jruschov había sido el reformador imprevisible, Leonid Brézhnev fue el estabilizador. Sus dieciocho años al frente del PCUS (1964-1982) son recordados con dos etiquetas opuestas: para la nomenklatura de su tiempo, una edad de oro de previsibilidad, mejora del nivel de vida y paridad militar con Estados Unidos; para los historiadores posteriores —empezando por la propia URSS de Gorbachov—, el zastoi o «estancamiento», la fase en la que el sistema soviético renunció a reformarse y se volvió incompatible con la economía mundial que llegaba con la crisis del petróleo y la revolución microelectrónica.

Cronología clave
La reforma Kosygin y el viraje a la prudencia
El nuevo tándem llega al poder con un plan articulado por Alekséi Kosygin, premier técnico de perfil reformista. La reforma de 1965 propone tres ideas clave: reducir el número de indicadores impuestos desde el centro (de docenas a un puñado), introducir el beneficio como indicador de éxito empresarial, y permitir un margen limitado de autonomía a directores de fábrica para asignar bonificaciones. La inspiración intelectual es Evsei Liberman, economista de Járkov que en Pravda de septiembre 1962 ya había planteado introducir señales de mercado dentro del plan. Brézhnev acepta inicialmente la reforma porque su retórica habla de «mejora del socialismo», no de mercado.