- lectura del paratexto
- estructura argumentativa
- ironía / hipérbole
- tono confidencial
- evaluación ideológica
Enunciado
Comente cómo la autora construye su crítica a la pérdida del silencio en la vida contemporánea, atendiendo a la estructura del texto, a los recursos retóricos y al tono.
Texto fuente — columna de opinión publicada en El Mostrador el 14 de marzo de 2025, firmada por Luna Aristondo.
El silencio era esto
Lo descubrí en una sala de espera del Hospital Clínic, esperando un TAC de mi madre. Había olvidado los auriculares. No sonaba ningún hilo musical. Nadie hablaba por teléfono. Tampoco había televisión. Solo una niña que pintaba con un rotulador rojo y, de vez en cuando, el pitido de una puerta automática. Estuve cuarenta minutos así. Cuarenta. Y juro que al salir me dolían los hombros como si hubiera levantado un mueble.
No es que el silencio sea cómodo. El silencio incomoda, sobre todo si llevas años sin habitarlo. Ahora vamos por la calle con un podcast metido en cada oreja, comemos con la televisión encendida aunque nadie la mire, abrimos la nevera con un meme de fondo. Hemos firmado un pacto tácito con el ruido: tú me distraes, yo no me pregunto nada. La banda sonora permanente nos protege de un cara a cara con nosotros mismos que casi nadie está dispuesto a sostener.
Los datos lo confirman, aunque no hagan falta. Un estudio reciente del Instituto Karolinska sostiene que la atención sostenida media de un adulto urbano ha bajado de doce a siete minutos en quince años. Siete minutos. Lo que dura cocer un huevo. Y aun así seguimos sorprendidos de que los niños no se concentren, de que no leamos novelas largas, de que la conversación con los amigos se interrumpa cada dos por tres por una vibración en el bolsillo.
No propongo encerrarse en un monasterio benedictino. Propongo, modesta, casi tímidamente, que probemos a ducharnos sin podcast, a fregar sin Spotify, a esperar el bus sin scrollear. Veinte minutos al día. Una semana. Igual descubren ustedes, como yo descubrí en aquella sala de espera, que el silencio no era esa cosa hostil que recordábamos, sino el lugar donde por fin aparece lo que pensamos cuando no nos están diciendo qué pensar.
Mi madre, por cierto, salió bien del TAC. Pero esa es otra columna.
Introducción
«El silencio era esto», columna firmada por Luna Aristondo y publicada en El Mostrador el 14 de marzo de 2025, pertenece al subgénero de la columna de opinión personal de prensa diaria, un texto de tipo argumentativo-expositivo cuyo emisor implícito es una mujer adulta —hija que acompaña a una madre enferma— que renuncia a la autoridad técnica en favor del ethos testimonial. El tema central es la saturación sonora de la vida contemporánea como obstáculo a la atención y al pensamiento; el tono dominante es confidencial-coloquial, con un nosotros inclusivo que firma el problema antes de proponer la solución. El presente comentario sostiene que Aristondo construye su denuncia articulando una estructura circular —de la sala de espera del hospital al silencio recuperado— que mimetiza el movimiento del pensamiento, un repertorio breve pero preciso de recursos retóricos de la función poética (hipérbole controlada, enumeración acumulativa, ironía atenuada) y una función apelativa modulada por el nosotros inclusivo y el ethos testimonial, evitando deliberadamente el sermón. Se desarrollarán esos ejes en el orden anunciado: primero el paratexto y la estructura externa e interna del texto; después los recursos retóricos más significativos; y por último las funciones del lenguaje y el posicionamiento del enunciador.
Análisis
El propio título, «El silencio era esto», contiene en miniatura el movimiento del texto: el verbo en pretérito imperfecto («era») presupone un descubrimiento previo —algo que ya se sabe o se ha experimentado— y el demostrativo «esto», sin antecedente explícito, obliga al lector a entrar en la columna para descifrar a qué se refiere. La autora elige, por tanto, un enunciado deíctico que solo se cierra al terminar la lectura: el paratexto no resume, sino que convoca. Esa apertura enunciativa se confirma con la elección del firmante —una mujer adulta, voz urbana y reflexiva, sin credenciales técnicas declaradas— y se proyecta sobre una estructura externa de cinco párrafos de extensión decreciente y una estructura interna que dibuja el movimiento clásico anécdota → reflexión → dato → propuesta → cierre circular. El primer párrafo narra la experiencia singular del Hospital Clínic con detalles sensoriales precisos —el rotulador rojo de la niña, el pitido de la puerta automática, los hombros doloridos al salir—; el segundo abstrae esa anécdota en una observación general («Hemos firmado un pacto tácito con el ruido»); el tercero introduce un dato cuantitativo (la atención sostenida de doce a siete minutos según el Instituto Karolinska); el cuarto formula la propuesta accionable; y el quinto, brevísimo, cierra circularmente devolviendo al lector a la madre del primer párrafo. La gradación de lo particular a lo general y de vuelta a lo particular no es decorativa: imita el modo en que pensamos cuando algo nos importa de verdad —se nos ocurre primero un caso, luego intentamos generalizarlo, después buscamos pruebas y, por último, decidimos qué hacer—. La forma refuerza al fondo: el silencio permite pensar.
Sobre ese esqueleto trabajan los recursos retóricos de la función poética, dispuestos con economía. En primer lugar, la hipérbole controlada: «me dolían los hombros como si hubiera levantado un mueble». La exageración no busca incredulidad sino corporalizar —mediante una imagen física y reconocible— una experiencia interior difícil de medir: el silencio se vuelve algo que pesa, que cansa, y la columna gana así una imagen visual memorable. En segundo lugar, la enumeración acumulativa del párrafo segundo —«vamos por la calle con un podcast, comemos con la televisión, abrimos la nevera con un meme»— construye un retrato veloz del lector implícito que, al verse retratado, se siente interpelado sin necesidad de un «usted, sí, usted» explícito. En tercer lugar, la comparación trivial «Siete minutos. Lo que dura cocer un huevo» rebaja el dato académico al ámbito doméstico y lo vuelve memorable. Y cerrando el repertorio, la ironía atenuada «No propongo encerrarse en un monasterio benedictino» actúa como concesión preventiva: al adelantarse a la objeción radical, la autora compra credibilidad para la propuesta menor que sí presenta —veinte minutos al día durante una semana—. Cada recurso aparece una sola vez y cumple una función específica: el conjunto opera bajo el principio de la economía.
Estos recursos sostienen, finalmente, una función apelativa indirecta articulada por el tono confidencial-coloquial: la autora tutea implícitamente a sus lectores, usa expresiones de oralidad —«juro que», «cada dos por tres por una vibración en el bolsillo», «esa es otra columna»— y se incluye en la primera persona del plural cuando enuncia el problema («hemos firmado un pacto tácito con el ruido»). Este nosotros inclusivo es decisivo: si la columna estuviera escrita en tercera persona o en segunda acusatoria, la propuesta final sonaría a regañina; al firmar el problema antes de proponer la solución, la autora se sitúa al lado del lector y no por encima. En la función expresiva, el enunciador se construye como ciudadana corriente —no neurocientífica, no socióloga digital— y delega la autoridad del texto en la honestidad de la experiencia narrada: el ethos testimonial sustituye a las credenciales. La función representativa queda limitada al dato puntual del Karolinska, suficiente para anclar la denuncia sin saturar el texto de cifras. Ideológicamente, el conjunto se inscribe en una crítica humanista —no técnica— al ecosistema digital: no condena las plataformas concretas ni propone regulación, sino que apela a un gesto individual y reversible —una crítica de baja intensidad política y alta intensidad existencial—.
Conclusión
«El silencio era esto» logra su efecto persuasivo no por la novedad de su tesis —que el ruido constante empobrece la atención es ya un lugar común contemporáneo— sino por la calidad de la mediación retórica analizada en los párrafos anteriores: una estructura circular que mimetiza el movimiento del pensamiento, un repertorio preciso de recursos de función poética y una función apelativa modulada por el nosotros inclusivo y el ethos testimonial. La columna podría leerse, así, como un manifiesto en miniatura del periodismo de opinión bien entendido: el yo personal puesto al servicio del nosotros lector, el dato científico domesticado mediante una comparación trivial y la propuesta política reducida a un gesto íntimo accionable. La eficacia, en cambio, tiene un coste: al limitar la crítica al ámbito individual, el texto deja sin nombrar a los actores económicos que han diseñado y rentabilizado la economía de la atención —omisión que el lector más exigente puede legítimamente echar en falta—. El comentarista reconoce, por tanto, la altura retórica del texto sin adoptar su programa.
Por qué esta respuesta alcanza alta calificación en cada criterio
Desglose criterio a criterio según los descriptores oficiales de Lengua A: Lengua y Literatura (Prueba 1, total 20 puntos).
AComprensión e interpretación5/5 Comprende cabalmente el sentido literal y el implícito de la columna (subgénero, ethos testimonial, alcance de la crítica) y respalda cada lectura con referencia precisa al texto. Interpreta el título como deíctico y la propuesta final como gesto individual frente a la crítica estructural.
BAnálisis y evaluación5/5 Analiza cómo los recursos formales —estructura circular, hipérbole controlada, enumeración acumulativa, ironía atenuada, nosotros inclusivo— construyen el efecto persuasivo. Evalúa la eficacia del texto y, en la conclusión, sus límites ideológicos (omisión de los actores económicos).
CFocalización y organización5/5 Tesis explícita en la introducción que se sostiene a lo largo del comentario; cada bloque trata uno de los ejes anunciados (paratexto, estructura, recursos, tono, evaluación) y enlaza con el siguiente sin saltos. Conclusión que cierra y evalúa, no que resume.
DLenguaje5/5 Registro académico sostenido, terminología literaria precisa (deíctico, hipérbole controlada, ethos, enunciador, gradación), sintaxis variada y conectores explícitos («en primer lugar», «en segundo lugar», «por tanto»). Cero errores de cohesión y pocas redundancias.
Errores típicos que esta respuesta evita
Contraste con respuestas de banda 2-4 sobre la misma pregunta.
- Banda 2-4
Banda 2-3 parafrasea el contenido de la columna («la autora dice que estamos rodeados de ruido y propone desconectar») sin analizar cómo está construida.
Esta respuestaTrata el texto como un artefacto retórico: nombra los recursos, conecta forma y fondo y evalúa el efecto persuasivo conseguido por la autora.
- Banda 2-4
Banda 3 enumera figuras retóricas («metáfora», «hipérbole», «ironía») sin citar fragmentos concretos ni explicar su función.
Esta respuestaCita la frase exacta, identifica el recurso y explica POR QUÉ funciona en ese punto del texto (la hipérbole de los hombros corporaliza el silencio; la ironía atenuada compra credibilidad).
- Banda 2-4
Banda 3-4 acepta la tesis de la autora sin distancia crítica.
Esta respuestaReconoce la eficacia del texto pero señala su omisión política (los actores económicos de la economía de la atención): el comentarista no se identifica con la columna, la evalúa.
- Banda 2-4
Banda 4 organiza el comentario por los párrafos del original («en el primer párrafo… en el segundo párrafo…»), perdiendo de vista el conjunto.
Esta respuestaOrganiza por ejes analíticos (paratexto / estructura / recursos / tono / evaluación) anunciados en la introducción y cumplidos en orden.