En ciencia se manejan números que cambian de escala a la velocidad del rayo: la masa de un protón es 1,67 × 10−27 kg, la de la Tierra es 5,97 × 1024 kg, y entre uno y otra hay cincuenta y un órdenes de magnitud. Escribir esos valores con todas sus cifras es inviable y propenso a error; compararlos a simple vista, imposible. La notación científica resuelve los dos problemas a la vez: estandariza la forma de escribir cualquier número real y convierte la comparación en una mirada al exponente.
El subtema NM 1.1 abre la asignatura porque es la convención silenciosa sobre la que se apoya todo lo demás: cuando en Tema 4 se hable de frecuencias alélicas del orden de 10−5, cuando en Tema 1.4 se calcule el interés compuesto a treinta años, o cuando el examen de Química mencione el número de Avogadro, lo único que cambia es el contexto. La forma a × 10k es la misma.
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