La evolución es el cambio en las características heredables de una población a lo largo de las generaciones. Esta definición tiene dos implicaciones que conviene fijar desde el principio. Primero, la evolución opera sobre poblaciones, no sobre individuos: un organismo no evoluciona durante su vida, sino que muere con los alelos con los que nació. Segundo, solo cuentan los cambios con base genética; las modificaciones adquiridas durante la vida (un músculo más grande por entrenamiento, una piel bronceada) no se transmiten y, por tanto, no son evolución. Esa distinción separa el darwinismo del lamarckismo y deja la herencia como única vía por la que un linaje cambia.
Importa porque la evolución es el marco unificador de la biología: explica simultáneamente la unidad de la vida (todos los seres compartimos código genético y maquinaria de traducción) y su diversidad (millones de especies con morfologías y nichos distintos). El mecanismo central, propuesto por Darwin y Wallace, es la selección natural: cuando existe variabilidad heredable en una población y el ambiente impone una presión selectiva, los individuos con variantes ventajosas dejan más descendencia y las frecuencias de sus alelos aumentan en la generación siguiente. Aplicado a lo largo de millones de años, ese mecanismo da cuenta de la divergencia de los linajes y de la aparición de nuevas especies.
Selección natural y evidencias
El mecanismo de la selección natural
La selección natural requiere tres ingredientes que se cumplen en cualquier población biológica. El primero es la variabilidad heredable: dentro de una población hay diferencias entre individuos que tienen base genética y se transmiten a la descendencia. El segundo es la presión selectiva: el ambiente (depredadores, clima, recursos, parásitos) hace que algunas variantes sobrevivan o se reproduzcan mejor que otras. El tercero es la reproducción diferencial: los individuos mejor adaptados dejan, en promedio, más descendencia fértil, y sus alelos aumentan su frecuencia con el paso de generaciones. El conjunto se resume en una idea: la selección actúa sobre variación heredable preexistente, no la genera.
La selección natural no tiene dirección preconcebida
La selección no «busca» ni «quiere» nada. Es un filtro estadístico sobre variabilidad que ya existe en la población por mutación, recombinación y reproducción sexual. Cuando el ambiente cambia, las variantes que resultan ventajosas en el nuevo contexto pueden ser distintas de las que lo eran antes, y la dirección aparente del cambio cambia con ellas.
Pruebas de la evolución
La teoría se sostiene sobre líneas de evidencia independientes que convergen en la misma conclusión:
- Registro fósil: sucesión de formas en capas geológicas datadas, con transiciones documentadas (peces a tetrápodos, dinosaurios a aves, primates a homínidos).
- Anatomía comparada — homologías: la extremidad pentadáctila de mamíferos, aves y reptiles comparte el mismo plan óseo a pesar de funciones tan distintas como caminar, volar o nadar. La explicación más parsimoniosa es un antepasado común con esa estructura.
- Anatomía comparada — analogías: el ala de un ave y el ala de un insecto cumplen la misma función pero tienen orígenes evolutivos independientes. Son producto de evolución convergente bajo presiones selectivas similares.
- Secuencias de ADN, ARN y proteínas: el grado de similitud entre secuencias homólogas en distintas especies refleja el tiempo transcurrido desde su antepasado común y permite reconstruir árboles filogenéticos.
- Cría selectiva: la diversidad obtenida en pocos siglos entre razas de perros, variedades de maíz o gallinas a partir de un ancestro silvestre muestra la rapidez con la que se acumulan cambios heredables bajo selección artificial.
- Evolución observada: la resistencia bacteriana a antibióticos y la resistencia de insectos a pesticidas son ejemplos contemporáneos medibles en escalas de días a años.
Tipos de selección natural
Modos de selección sobre un carácter cuantitativo
Según cómo afecte la presión selectiva a la distribución del carácter en la población, se reconocen tres modos clásicos.
Estabilizadora
Direccional
Disruptiva
Especiación y macroevolución
Modos de especiación
La especiación es el proceso por el que una población ancestral da lugar a dos o más especies reproductivamente aisladas. Es el único modo por el que aparecen especies nuevas, y, junto con la extinción, regula el número total de especies en la Tierra. El cambio gradual dentro de una misma especie no es especiación: solo lo es la divergencia que culmina en aislamiento reproductivo.
En A4.1 evita tres errores frecuentes. Primero, no atribuyas intención a la selección natural: no «busca», «quiere» ni «mejora» a las especies; actúa de forma ciega sobre variabilidad heredable preexistente. Segundo, no confundas cambio individual con evolución: un organismo no evoluciona durante su vida, evolucionan las frecuencias alélicas de la población a lo largo de generaciones. Tercero, distingue siempre homología (mismo origen evolutivo, distinta función) de analogía (misma función, distinto origen): la extremidad pentadáctila es homóloga, el ala de ave frente al ala de insecto es análoga. Si te piden un caso de especiación alopátrica, recurre a bonobos y chimpancés separados por el río Congo; para simpátrica abrupta, a Persicaria y a la poliploidía en plantas.